Inicio Opinión El Sombrero en problemas: ¿le alcanza para retener Uruapan?

El Sombrero en problemas: ¿le alcanza para retener Uruapan?

0
247

#CírculoRojo | Opinión

Una cosa es llenar unas cuantas calles y otra muy distinta ganar las urnas. Esa es la realidad que comienza a enfrentar Grecia Quiroz y su Movimiento del Sombrero, después de la llamada megamarcha por la paz en Uruapan. Porque detrás de las fotografías, los discursos y la repercusión mediática existe una pregunta que merece números y no aplausos: ¿Cuál es realmente la base dura del movimiento y qué tan lejos está de los votos que necesitaría para conservar la presidencia municipal en 2027?

Hagamos cuentas. Las fotografías y videos mas representativos de la movilización muestran como referencia el tramo de la calle Morelos comprendido entre la avenida 5 de Febrero y Francisco Villa. Son aproximadamente cinco cuadras, con 450 metros de longitud y 7.5 metros de ancho. Hablamos de 3,375 metros cuadrados que, con una concentración de entre 2.5 y 3 personas por metro cuadrado, podrían albergar de 8,400 a 10,100 asistentes.

El promedio es de 9,300 personas. Tomemos esa cantidad como nuestro escenario central, suponiendo que las cinco cuadras estuvieron ocupadas al mismo tiempo. Es un cálculo de capacidad, no un conteo oficial, pero nos permite examinar una convocatoria considerablemente menor a la pronosticada en medios afines al movimiento.

Ahora viene la parte que rara vez aparece en las publicaciones triunfalistas. El Ayuntamiento de Uruapan tiene una plantilla laboral estimada de entre 1,900 y 2,100 trabajadores. A ello se agregan entre 150 y 200 representantes de medios de comunicación, según una estimación visual de las fotografías. Si todos los empleados municipales hubieran participado y descontamos también al personal de prensa, el contingente se reduciría a entre 7,000 y 7,250 personas.

Por supuesto, no sabemos cuántos trabajadores municipales asistieron efectivamente, y trabajar en el Ayuntamiento no convierte a nadie en un simpatizante obligado, pero si sabemos como se manejan los sindicatos con sus agremiados. El ejercicio sirve para dimensionar cuánto podría cambiar la composición del contingente. La verdadera base dura no se obtiene simplemente restando nóminas: se identifica entre quienes respaldan al movimiento por convicción y están dispuestos a organizarse y votar por él.

Todavía falta considerar a los participantes que llegaron desde otros municipios de Michoacán y diferentes estados. Su presencia dio alcance regional a la convocatoria, pero no necesariamente representa votos disponibles para una elección municipal en Uruapan. Una marcha puede reunir simpatizantes de todo el país; una presidencia municipal se gana con los votos de quienes tienen derecho a sufragar en ese municipio.

Si planteamos como hipótesis una movilización local de entre 3,500 y 5,000 personas, tenemos una referencia útil para medir el desafío, aunque no un padrón comprobado de militantes. Y es aquí donde las cifras adquieren una dimensión política que ninguna fotografía panorámica puede ocultar.

Carlos Manzo ganó la presidencia municipal en 2024 con 95,381 votos. No fueron cinco mil ni diez mil. Fueron más de 95 mil ciudadanos que respaldaron su candidatura independiente. Ese es el tamaño del antecedente electoral que hoy presume el Movimiento del Sombrero y, al mismo tiempo, el punto de comparación que debería preocupar a su dirigencia.

Supongamos que Grecia Quiroz necesita alrededor de 40 mil votos para ganar Uruapan en una elección competida. No es una cifra legal ni un pronóstico definitivo, sino un escenario de análisis que dependerá de sus adversarios y de la participación ciudadana. Frente a esa referencia, una movilización de cinco mil personas equivaldría apenas al 12.5% de la meta. Si la base movilizada fuera de 3,500, representaría el 8.75%.

La distancia entre cinco mil personas movilizadas y cuarenta mil votos es el verdadero problema político que debe resolver el Sombrero. No porque quienes faltaron a la marcha necesariamente hayan abandonado al movimiento, sino porque la capacidad de convocatoria visible todavía está muy lejos de explicar, por sí misma, cómo se construirá una mayoría electoral.

Y aquí aparece una diferencia que la dirigencia no debería pasar por alto: Carlos Manzo ganó con su nombre, su trayectoria, su discurso y su liderazgo. Grecia Quiroz tendrá que competir con los suyos. Haber heredado la responsabilidad de encabezar el gobierno municipal no significa haber heredado automáticamente los 95 mil votos que llevaron a Manzo al poder.

La indignación por su asesinato, la exigencia de justicia y la solidaridad con su familia son expresiones sociales legítimas. Pero sería un error político confundirlas con una adhesión electoral permanente. Quien exige justicia puede respaldar al movimiento, votar por otra opción o simplemente no participar en una elección. El dolor colectivo no se convierte automáticamente en una estructura electoral.

Tampoco bastará con mantener el nombre de Carlos Manzo en el centro del discurso. La administración de Grecia Quiroz tendrá que someterse al mismo examen que cualquier otro gobierno: seguridad, servicios públicos, resultados, manejo de recursos y capacidad de respuesta a los problemas de Uruapan. La memoria puede mantener viva una causa; los resultados son los que ayudan a sostener un proyecto de gobierno.

Por eso, más que celebrar cuántas cuadras ocupó la marcha, el Movimiento del Sombrero debería preguntarse cuántos ciudadanos están dispuestos a acompañarlo cuando desaparezcan las pancartas, termine la cobertura mediática y llegue el momento de votar.

La movilización mostró que conserva capacidad de convocatoria. Lo que todavía está por medirse es si esa capacidad puede traducirse en una mayoría electoral. Y esa diferencia importa especialmente para un movimiento que viene de una victoria de más de 95 mil sufragios.

Grecia Quiroz tiene reconocimiento público, una organización política y el antecedente de una victoria histórica. Pero ninguno de esos tres elementos, por separado, garantiza conservar Uruapan.

Porque el verdadero desafío del Sombrero no es demostrar que puede llenar cinco cuadras.

Es demostrar que puede volver a llenar las urnas.

¿Le alcanzará para retener Uruapan en 2027? Porque de la Gubernatura de Michoacán, mejor ni hablamos.