- Autor : TonyMichoacán
En el PRI michoacano ya no es sorpresa la difícil situación que atravieza, ya es imposible esconderlo detrás de ruedas de prensa, ultimátums y declaraciones sobre la alianza electoral de 2027.
Porque mientras la dirigencia estatal insiste en “marcar territorio”, repartir certificados de lealtad y advertir quién tiene o no derecho a sentarse en la mesa, otros priistas ya llevan rato haciendo política por su cuenta.
Muchos priistas me han comentado que inequívocamente coincide con la dirigencia nacional de Alejandro Moreno, de declararse aliancista y sostienen que para competir en 2027 hay que sumar a todos, abrirse y estar dispuestos a respaldar a quien realmente tenga posibilidades de ganar.
No es un detalle menor.
Y es que desde abril de 2024, la dirigencia estatal prácticamente se les cerró la puerta al priismo que no fuera de su grupo, llamandolos traidores, y en varios casos inició un proceso de expulsión. Ante ello, priistas como el PRIUM, entre otras corrientes, se unieron y reclamaron exclusión, falta de democracia interna y decisiones unilaterales, la respuesta pública fue que si alguno quería candidatura podía buscarla en otro partido porque en el PRI no tendría espacio.
Pues ahora resulta que esos mismos priistas están hablando directamente de la ruta electoral de 2027 y, más importante todavía, están colocando como referente político a Alejandro Moreno y a la dirigencia nacional.
¿Quién rebasó a quién?
Porque quizá el principal problema del PRI en Michoacán ya no sea solamente con quién hacer alianza.
Quizá primero debería resolver con qué PRI pretende hacerla.
Durante demasiado tiempo se ha confundido dirigir con excluir.
El priismo michoacano arrastra heridas provocadas por confrontaciones internas, descalificaciones y rupturas entre grupos que durante años formaron parte del mismo partido pero que cohexistian. Sin embargo la actual dirigencia estatal ha establecido públicamente distancias con quienes considera alejados de la vida interna partidista y ha condicionado su eventual regreso a ponerse nuevamente “en la fila”.
Puede ser una manera de premiar la lealtad.
Pero difícilmente parece la mejor receta para reconstruir un partido que necesita sumar.
Y para eso, precisamente, llegó una delegada del Comité Ejecutivo Nacional. María del Refugio “Cuquis” Camarena asumió la delegación política del CEN en Michoacán el 2 de junio. Su llegada se produjo bajo un discurso de reorganización partidista y apertura de las puertas para quienes se habían alejado.
Sinembrago…. Han pasado meses. Se ha reunido con actores políticos, ha recorrido estructuras y ha participado en actividades partidistas, pero la reconciliación del priismo michoacano no se ve en un horizonte cercano.
Y ese resultado también debe evaluarse.
Porque una delegación nacional no llega únicamente para aparecer en fotografías (¿o si?), acompañar reuniones o administrar diferencias. Una de sus funciones políticas fundamentales debería de ser precisamente construir interlocución entre los grupos, acercar posiciones y evitar que las disputas locales terminen debilitando al partido.
Hasta ahora, el resultado está a la vista: los grupos siguen separados y muchos construyen su propia ruta política; el PRIUM es la muestra más evidente.
Y mientras eso ocurre adentro, afuera tampoco aparecen los resultados.
Desde enero se han sucedido llamados al PAN, anuncios de reuniones, treguas, reaperturas del diálogo, condiciones, fechas límite y ultimátums.
En marzo se decía que si Alfonso Martínez era el perfil más competitivo podían caminar con él.
Después llegaron las condiciones.
Más tarde los plazos.
Luego otros plazos.
En julio, el PAN respondió que no entregaría Morelia como condición para construir una alianza.
En agosto nuevamente se fijó una fecha para definir el futuro de la negociación. Y todavía el 15 de septiembre se hablaba apenas de un proyecto de acuerdo que tendría que ser validado por las dirigencias partidistas.
Muchos llamados.
Muchas fechas.
Muchas advertencias.
Y hasta ahora, ningún acuerdo electoral formalizado.
Ese es el resultado que importa.
Porque en política los ultimátums tienen una característica muy sencilla: funcionan cuando después del ultimátum ocurre algo. Pero cuando se fija una fecha límite y después otra, y luego otra más, aquello que pretendía mostrar autoridad termina produciendo exactamente el efecto contrario…. Y eso se llama literalmente falta de oficio político.
Y mientras la dirigencia estatal intenta demostrar quién manda, el priismo ya se mueve alrededor, enciama y hasta por abajo de ella.
Ahí está la verdadera señal de alarma, los priistas ya tomaron posición y mantienen sus propios canales políticos.
Alejandro Moreno habla desde la dirigencia nacional de una gran alianza y ha mencionado incluso perfiles externos al PRI, como Grecia Quiroz y Alfonso Martínez, dentro de la conversación sobre Michoacán.
Mientras tanto, en Michoacán se insiste en que nadie puede negociar fuera de las dirigencias y que primero deben respetarse los espacios de quienes permanecieron leales al partido… Las dos lógicas comienzan a chocar.
Una dice:
- primero los priistas.
La otra parece decir: - primero ganar.
Y entre ambas hay un partido que todavía no consigue reconciliarse consigo mismo.
Por eso, lo que hacen el PRIUM y otros liderazgos priistas tiene más importancia de la que aparenta. No es solamente se expresan a favor de una alianza, sino que ya decidieron no esperar a que desde la dirigencia estatal se generen las condiciones de unidad.
Están construyendo interlocución por otra vía. Y eso significa que políticamente comenzaron a rebasarla.
La paradoja es enorme.
El PRI pretende construir una gran alianza con PAN, Movimiento Ciudadano, el Movimiento del Sombrero y quien quiera sumarse para enfrentar a Morena… pero todavía no consigue construir una alianza entre los propios priistas. Y ahí tampoco puede quedar fuera de la discusión la delegación del CEN.
Si su encomienda era ayudar a recomponer, acercar y unir al priismo michoacano, hasta ahora los resultados no alcanzan para hablar de una reconciliación lograda.
No necesariamente porque toda la responsabilidad sea suya. Las fracturas vienen de antes y existen intereses enfrentados que ninguna delegación puede borrar por decreto.
Pero precisamente para eso se hace política o al menos considero que si son priistas de alto perfil, son políticos profesionales y tener la capacidad de sentar a quienes no quieren sentarse, hablar con quienes están enfrentados, construir acuerdos entre quienes tienen diferencias y para convertir grupos dispersos en una organización capaz de competir.
Eso todavía no ocurre.
Hace unos días, desde la dirigencia estatal lanzaron una advertencia a quienes supuestamente estaban poniendo en riesgo la coalición:
“Tengan cuidado, pues se les puede hacer bolas el engrudo”.
Tal vez el diagnóstico era correcto.
Solamente faltaba mirar hacia adentro.
Porque antes de preocuparse por si el engrudo se hace bolas con el PAN, convendría revisar lo que está pasando en casa.
En el PRI de Michoacán, el engrudo ya se hizo bolas.






