lunes, septiembre 7, 2026

Alito exhibe la flaca caballada del PRI al abrirle la puerta a Grecia Quiroz

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Autor: @TonyMichoacan

¿Recuerdan la gran expectativa que resultaba saber quien sería el candidato del PRI al gobierno de Michoacán en hace algunos años? No solo por saber quien era designado, sino porque seguramente sería alguien con amplia carretera política y experiencia reconocida que sin duda sería EL rival a vencer.

Pues parece que eso se terminó, porque una declaración del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno tiene mucho más fondo de lo que parece.

Que el dirigente nacional del PRI abra públicamente la puerta para respaldar a Grecia Quiroz rumbo a la gubernatura de Michoacán en 2027 puede venderse como amplitud política, pragmatismo electoral o disposición para construir una gran alianza opositora.

Pero también puede leerse de una manera bastante menos amable para el priismo michoacano:

desde la Ciudad de México están viendo flaca la caballada.

Porque cuando un partido que gobernó Michoacán durante décadas comienza a buscar fuera de sus propias filas una figura capaz de hacerlo competitivo, algo está diciendo sobre el estado actual de sus liderazgos.

Y no es precisamente algo bueno.

El PRI parece dispuesto a colocar sobre la mesa a Grecia Quiroz no porque represente su proyecto político, su ideología o una trayectoria construida dentro del partido. Tampoco porque pueda hablarse todavía de una larga experiencia administrativa o de resultados suficientes para garantizar que encabezaría un buen gobierno estatal.

La razón parece mucho más sencilla:

Grecia Quiroz hoy en día es un producto que vende electoralmente.

Tiene exposición nacional, una narrativa poderosa y un capital político heredado del ex alcalde Carlos Manzo, el llamado “Movimiento del Sombrero”. Hoy representa una figura capaz de irrumpir en una elección y de alguna manera alterar los cálculos tradicionales de los partidos.

Y para un PRI que enfrenta una profunda crisis de identidad, pérdida de presencia territorial y un desgaste acumulado durante años, eso puede resultar demasiado atractivo.

El razonamiento parece ser elemental: si la estructura propia ya no alcanza, hay que encontrar un vehículo electoral que permita sobrevivir.

Porque para el PRI, ganar Michoacán —o cuando menos regresar a una competencia verdaderamente relevante por la gubernatura— significaría mucho más que conquistar un gobierno estatal.

Significaría mantenerse vivo.

Ese es el verdadero tamaño de la apuesta.

El problema es que ese pragmatismo también revela hasta dónde ha llegado la crisis del priismo michoacano.

Durante los últimos años, las malas decisiones de sus dirigencias estatales y nacionales fueron reduciendo al partido, debilitando sus cuadros, fragmentando sus grupos internos y permitiendo la salida de liderazgos que terminaron encontrando espacio en otras fuerzas políticas.

Ahora resulta que, llegado el momento de pensar en 2027, la solución podría estar fuera.

Y ahí aparece otra contradicción.

Porque mientras Alejandro Moreno habla de Grecia Quiroz como un perfil atractivo para una eventual alianza, prácticamente deja en segundo plano a figuras con mucha mayor trayectoria política y experiencia administrativa.

Por otro lado está el caso más evidente: Alfonso Martínez Alcázar.

Puede gustar o no su gobierno. Puede discutirse su proyecto político. Pero difícilmente puede negarse que Alfonso tiene carrera, estructura, experiencia electoral y conocimiento de gobierno. Ha sido diputado, presidente del Congreso, alcalde de Morelia en distintos periodos y lleva años construyendo una plataforma política propia.

Además, proviene del panismo y gobierna respaldado por fuerzas que en los hechos ya han construido una relación electoral con muchos priistas.

Por eso resulta políticamente interesante que Alito coloque en la conversación a Grecia.

Porque si PRI y PAN ya acordaron caminar juntos, uno supondría que la primera conversación sobre la gubernatura tendría que producirse alrededor solamente de los liderazgos consolidados de esa alianza.

Pero aparentemente no.

Y eso también dice algo.

Tal vez desde el centro del país están observando encuestas, conocimiento de nombre y tendencias de opinión pública y han concluido que una candidatura tradicional de algún priista podría no ser suficiente para competir contra Morena.

Si esa es la lectura, entonces la declaración de Alejandro Moreno no fue una cortesía.

Fue un mensaje.

El PRI está dispuesto a sacrificar candidatura, identidad y hasta protagonismo con tal de encontrar una fórmula que le permita volver a ganar.

El problema para ellos es que Grecia Quiroz tampoco es una candidata construida por el PRI.

Su capital político pertenece a otra narrativa. Y resulta imposible no recordad las candidaturas del José Antonio Meade y Xóchitl Gálvez, que aunque se ponían el chaleco rojo… Nunca hubo empatía con los priistas… No era uno de ellos.

En ese sentido el llamado “Movimiento del Sombrero” ha crecido porque representa, para una parte representativa del electorado, algo ajeno a los partidos tradicionales. Acercarla demasiado pronto al PRI podría incluso convertirse en un problema para ella.

Porque una cosa es recibir simpatías de electores priistas o panistas y otra permitir que esas estructuras terminen apropiándose políticamente de su figura.

Morena no tardaría demasiado en construir el argumento:

“Grecia es la candidata del PRIAN”…. así como la construyó con el acercamiento del Movimiento Ciudadano.

Y ahí una parte del atractivo del Sombrero podría comenzar a diluirse.

Por eso la pregunta quizá no sea si el PRI está dispuesto a postular a Grecia Quiroz.

La verdadera pregunta es otra:

¿Grecia Quiroz necesita realmente al PRI?

Porque hasta este momento parece exactamente al revés.

Es el PRI el que necesita desesperadamente encontrar una candidatura competitiva, una narrativa nueva y una figura capaz de prestarle algo que hace tiempo perdió:

expectativa de triunfo.

Y cuando un partido histórico comienza a buscar fuera de casa quién pueda salvarlo, generalmente no es señal de fortaleza.

Es señal de que, efectivamente, la caballada está flaca.

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