miércoles, julio 15, 2026

La alianza de los desesperados

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Hay una frase que dice que en política no existen amigos ni enemigos para siempre, solo intereses. Y eso parece describir perfectamente lo que hoy ocurre en Michoacán.

Después de que en la pasada elección se enfrentaron en las urnas y de lanzarse acusaciones como aquella célebre frase de Alfonso: “Con el PRI de los Valencia, ni a la esquina”, hoy PRI y PAN se sentarán en la misma mesa para construir una alianza rumbo a la elección de gobernador de 2027. No porque hayan descubierto que piensan igual, sino porque ambos saben que, si compiten por separado, Morena tiene muchas más posibilidades de mantenerse en el poder.

La propia dirigencia estatal del PRI ha reconocido públicamente que busca una alianza con Acción Nacional. Incluso ha planteado una especie de intercambio: si el PAN encabeza la candidatura al Gobierno del Estado, el PRI debería quedarse con la candidatura a la presidencia municipal de Morelia. Y si el PRI encabezara la gubernatura, entonces el PAN tendría que conservar la capital.

La propuesta suena lógica… hasta que aparecen los números.

Hoy Morena ronda el 36 por ciento de la intención de voto en Michoacán. El PAN alcanza poco más del 25 por ciento, mientras que el PRI apenas supera el 8 por ciento. Hay otro dato que dice mucho: en menos de un año el PAN creció casi diez puntos, mientras que el PRI prácticamente se quedó igual.

Por eso las negociaciones no son tan sencillas como quisiera el tricolor. En política, quien tiene más respaldo ciudadano suele tener más fuerza para poner condiciones. Y hoy, guste o no, el PAN llega con mejores cartas.

Pero los problemas del PRI no terminan en las encuestas.

El PRI atraviesa una de las divisiones internas más profundas de los últimos años. Uno de esos grupos es el PRIUM, integrado por decenas de liderazgos con amplia experiencia política, muchos de ellos operadores electorales en Morelia y con presencia en distintos municipios del estado. Entre ellos destacan el profesor Mario Magaña, Diego Romero y Jesús Hernández Peña.

En un acto de apertura política, este grupo ha solicitado públicamente dialogar con la nueva delegada del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en Michoacán, María del Refugio “Cuquis” Camarena. Sin embargo, hasta ahora no han recibido respuesta, lo que alimenta la percepción entre los priistas inconformes de que la dirigencia nacional aún no comprende la dimensión de la crisis interna que vive el partido en Michoacán.

Mientras esa reconciliación no ocurra, el PRI seguirá negociando dividido.

Y hay un detalle todavía más importante: buena parte de esos liderazgos ya ha manifestado públicamente su respaldo al proyecto político del alcalde de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, quien hoy aparece como el perfil más competitivo del PAN rumbo a la elección estatal.

Todo esto lleva inevitablemente a hablar de Morelia.

La capital no es cualquier municipio. Es la joya de la corona electoral de Michoacán. Entre el 16 y el 18 por ciento de los electores del estado viven aquí. Quien gana Morelia arranca una campaña con una enorme ventaja política, mediática y territorial. Por eso resulta difícil imaginar que el PAN acepte entregar una candidatura que hoy gobierna y que representa uno de sus principales activos políticos.

No hay que olvidar, además, que apenas en la elección pasada Alfonso Martínez y la dirigencia estatal del PRI estuvieron cerca de construir una alianza. El propio alcalde reveló posteriormente que las negociaciones no prosperaron porque, a su juicio, el dirigente priista “se cotizó demasiado alto”, y dejó una frase que resume perfectamente el valor político de la capital: “Morelia no es un pastel que se pueda repartir” y prueba de ello, fue que el PRI y el PAN sin alianza, fueron aplastados en las candidaturas a Diputados Locales.

Mientras tanto, el dirigente estatal del PAN, Carlos Quintana Martínez, ha evitado fijar una postura definitiva que dé certeza incluso a los propios panistas. Es cierto que ha sostenido reuniones con la dirigencia priista, pero nunca ha confirmado públicamente que exista un acuerdo. Sus declaraciones siempre terminan remitiendo cualquier decisión a la dirigencia nacional del PAN, encabezada por Jorge Romero.

En ese contexto también aparecen otros intereses internos. Se dice en el argot político que el senador Marko Cortés estaría impulsado a su hermano David Cortés, para la candidatura del PAN a la presidencia municipal de Morelia, incluso esta versión se alimenta de publicaciones de David donde aparece acompañado por el propio dirigente nacional, Jorge Romero. Con esos antecedentes, resulta difícil pensar que una decisión tan importante como la candidatura de la capital no forme parte de las conversaciones nacionales del partido.

Eso significa que, mientras el PRI busca acelerar las negociaciones, el PAN puede darse el lujo de esperar, administrar los tiempos e incluso minimizar la presión del tricolor para concretar una alianza.

Al final, esta posible coalición tiene una realidad que ninguno de los dos partidos puede ocultar.

El PRI necesita al PAN para seguir siendo competitivo. De no fortalecer su posición política, no solamente seguirá reduciendo su margen de competencia electoral, sino que podría perder algunas de las pocas alcaldías que todavía gobierna.

El PAN sabe que una alianza puede ayudarle a enfrentar a Morena, pero también entiende que hoy tiene más fuerza para negociar. Por eso la verdadera discusión ya no es si habrá alianza.

La verdadera pregunta es bajo qué condiciones.

Porque una cosa es construir un acuerdo entre partidos que se necesitan por igual, y otra muy distinta es negociar cuando uno llega fortalecido y el otro intenta sobrevivir.

Quizá por eso el título de esta historia resulta tan oportuno.

No se trata de una alianza nacida del convencimiento o de un proyecto común para Michoacán.

Se trata de una alianza impulsada por la necesidad, la desesperación y, para algunos, hasta por la angustia.

La verdadera incógnita es si lograrán convencer a los michoacanos y, en especial, a los morelianos, de que después de confrontarse e insultarse abiertamente en la pasada elección, hoy pueden construir un proyecto común que vaya más allá de un solo objetivo: evitar que Morena vuelva a ganar la gubernatura y la capital del estado.

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