- Autor: @TonyMichoacán
En política, cuando un partido relativamente chico empieza a exigir posiciones como si fuera la fuerza dominante, normalmente no habla de su fortaleza… sino de la debilidad del otro.
Y eso es exactamente lo que empieza a ocurrir en Michoacán con las conversaciones rumbo a una eventual alianza entre el Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional (El PRIAN Michoacán).
Porque el PRI ya fijó postura. Y la fijó con una ambición que contrasta brutalmente con su realidad electoral: quiere la candidatura al Gobierno del Estado o la candidatura a la presidencia municipal de Morelia. Así, sin medias tintas.
El problema no es que el PRI quiera mucho.
El problema sería que el PAN esté dispuesto a conceder demasiado.
Y ahí aparece la pregunta incómoda:
¿de verdad el PAN está negociando desde una posición de fuerza… o desde el miedo a competir solo?
Porque las encuestas recientes son contundentes. El PRI, en prácticamente todas las mediciones, ronda entre los 6 y 8 puntos de intención electoral. Eso sin contar que su estructura territorial se redujo drásticamente, su militancia cayó de manera alarmante y el éxodo de liderazgos —particularmente en Morelia— debilitó seriamente su capacidad de operación política.
Es decir: el tricolor hoy está muy lejos de representar el peso político que tuvo hace una década.
Sin embargo, las exigencias parecen de partido grande.
Y ahí es donde el foco deja de estar en el PRI y apunta directamente hacia la dirigencia panista que encabeza Carlos Quintana. Porque políticamente el PRI está haciendo lo que cualquier partido en crisis intentaría hacer: sobrevivir. El verdadero problema sería que el PAN termine financiando esa supervivencia con candidaturas estratégicas que sí tienen valor electoral real.
Especialmente Morelia.
Porque guste o no, la capital sigue siendo el principal bastión electoral panista en Michoacán, junto con buena parte del Bajío. Ahí sí existe estructura, posicionamiento y un capital político consistente construido durante años.
Entonces otra pregunta inevitable sería:
¿por qué un partido que todavía conserva fuerza competitiva actuaría como si necesitara rescatar al PRI?
Más aún cuando existen antecedentes políticos que vuelven esta posible alianza profundamente contradictoria. Basta recordar los procesos de 2021 y 2024, donde hubo enfrentamientos directos entre el actual “Coordinador del Cambio y la Defensa de la Familia”, Alfonso Martínez Alcázar, y el priismo moreliano.
Se dijeron de todo.
Incluso quedó marcada aquella frase demoledora contra el llamado “PRI de los Valencia”, al que calificó como “mercenarios de la política”.
Y hoy, esos mismos actores podrían terminar sentados en la misma mesa negociando candidaturas.
El problema no es la alianza en sí. La política está llena de alianzas pragmáticas. El problema es el tamaño de la factura política que el PAN podría terminar pagando por una negociación desproporcionada.
Porque si un partido con menos de 10 puntos termina condicionando candidaturas clave, entonces el problema ya no es la ambición priista. El problema es la debilidad negociadora panista.
Y eso sí sería grave para la oposición.
Sobre todo porque empieza a crecer la percepción de que el PRI no está negociando desde la fuerza, sino probando hasta dónde llega la necesidad del PAN. Midiendo sus inseguridades. Calculando cuánto está dispuesto a ceder con tal de no ir solo en 2027.
Por eso la pregunta sigue completamente vigente:
¿se está construyendo una alianza política…
o al PAN simplemente le podrían terminar viendo la cara de paisanos?
Ya veremos…
🔴 #Columna Circulo Rojo












