La dirigencia busca frenar la guerra entre los principales grupos del partido en plena aplicación de encuestas y evitar que la ruptura interna termine fortaleciendo al alcalde de Morelia, Alfonso Martínez.
Morelia, Michoacán, 1 de agosto de 2026.- La dirigencia nacional de Morena envió una señal de autoridad para intentar zanjar la confrontación entre el grupo político del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y el bloque encabezado por Raúl Morón Orozco y Leonel Godoy Rangel, al reunirlos en una misma mesa justo cuando se estarían realizando el levantamiento de encuestas para definir la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía, antesala de la candidatura a la gubernatura en 2027.
Siempre es un gusto coincidir y conversar con el gobernador @ARBedolla, @raulmoronO y @leonelgodoy.
— Morena (@PartidoMorenaMx) August 2, 2026
Seguimos sumando esfuerzos para fortalecer la unidad de nuestro movimiento y la organización en favor del bienestar del pueblo de Michoacán. pic.twitter.com/9dtyu8DlRh
La fotografía difundida desde la dirigencia morenista muestra a Ariadna Montiel y Citlalli Hernández en el centro, mientras Bedolla aparece de un lado y Morón y Godoy del otro. Más que una reunión protocolaria, la disposición de los participantes proyecta la intervención directa de la dirigencia nacional como árbitro entre dos grupos que mantienen una disputa cada vez más abierta.
Montiel, dirigente nacional de Morena, y Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, son las responsables políticas de conducir un proceso interno diseñado para evitar rupturas, ordenar a los aspirantes y garantizar que los grupos acepten los resultados de las encuestas rumbo a las elecciones de 2027.
El mensaje publicado tras el encuentro fue breve: “Seguimos sumando esfuerzos para fortalecer la unidad de nuestro movimiento”. Sin embargo, en el contexto michoacano, la palabra “unidad” adquiere el tono de una advertencia: detener los ataques, contener a los equipos y evitar que la disputa por la sucesión estatal se convierta en una fractura imposible de reparar.
La confrontación ya trascendió las diferencias entre aspirantes. Juan Carlos Barragán, uno de los cuadros enfrentados al gobernador, aseguró que Bedolla terminaría su administración como el exmandatario Silvano Aureoles; el gobernador respondió que el legislador “añora la corrupción” y que pronto se encontraría con su antiguo jefe político. El intercambio exhibió el nivel de hostilidad alcanzado entre integrantes del mismo partido.
Además, Barragán enfrenta una resolución de primera instancia del Tribunal en Materia Anticorrupción y Administrativa de Michoacán, que lo inhabilitó durante 20 años y le impuso el pago de 5 millones 636 mil 600 pesos por irregularidades relacionadas con el programa Beca Futuro. El diputado anunció que impugnará la determinación, por lo que la resolución todavía no es definitiva.
En este escenario, la reunión puede leerse como un ultimátum político: la dirigencia nacional pretende impedir que las diferencias de Bedolla con Morón y Godoy contaminen las encuestas, provoquen acusaciones sobre el resultado o lleven al grupo derrotado a operar en contra de quien resulte designado.
La preocupación no se limita al proceso interno. Si Morena prolonga su guerra y llega dividido a 2027, uno de los principales beneficiados podría ser Alfonso Martínez Alcázar, alcalde de Morelia, quien mantiene presencia política fuera de la capital mediante el movimiento AMA Michoacán y encuentros con liderazgos de distintos municipios. Acción Nacional ya lo nombró Coordinador del Cambio y la Defensa de la Familia, una posición que busca proyectarlo en todo el estado.
Aunque Martínez aún no formaliza una decisión definitiva sobre la candidatura, sus recorridos, posicionamientos y reuniones mantienen abierta la posibilidad de que encabece una alternativa opositora. La división de Morena podría proporcionarle el discurso que necesita para presentarse como una opción frente a un partido ocupado en resolver sus disputas internas.
La fotografía, por tanto, no representa necesariamente una reconciliación entre Bedolla, Morón y Godoy. Refleja una tregua impuesta desde la dirigencia nacional y un mensaje dirigido a sus estructuras: la competencia continuará, pero la guerra interna debe terminar antes de que el principal adversario de Morena deje de estar fuera y termine fortaleciéndose por las fracturas dentro del propio movimiento.






