La percepción sobre la seguridad pública y la violencia del crimen organizado está reconfigurando el debate sobre soberanía y cooperación internacional.
Ciudad de México, 31 de enero de 2026. — Una mayoría de la población mexicana se manifiesta a favor de una intervención militar de Estados Unidos para combatir a los cárteles de la droga, de acuerdo con una encuesta reciente que evidencia un giro significativo en la percepción ciudadana frente a uno de los temas más sensibles de la agenda nacional: la soberanía y la seguridad.
El estudio, realizado por la casa encuestadora Cripeso, señala que el 61.03 por ciento de las y los mexicanos respalda una eventual acción militar estadounidense contra organizaciones criminales, cifra que supera ampliamente a quienes se oponen a cualquier tipo de participación armada extranjera en territorio nacional.
El levantamiento se da en un contexto marcado por el recrudecimiento de la violencia vinculada al crimen organizado, el desgaste de las estrategias de seguridad implementadas en las últimas décadas y resultados limitados en la cooperación bilateral entre México y Estados Unidos.
De acuerdo con los datos, el respaldo al intervencionismo no es marginal ni tibio. Un 41.31 por ciento de los encuestados afirmó estar “muy de acuerdo” con la intervención militar estadounidense, mientras que otro 19.72 por ciento dijo estar “de acuerdo”, lo que refleja una demanda social intensa por soluciones inmediatas frente a la inseguridad.
En contraste, el rechazo alcanza el 32.17 por ciento. De este grupo, un 25.03 por ciento se declaró “muy en desacuerdo”, principalmente por considerar que una intervención extranjera vulneraría la soberanía nacional, y un 7.14 por ciento manifestó estar simplemente “en desacuerdo”.
Las posiciones intermedias son minoritarias. Solo el 5.76 por ciento de las personas consultadas se mantuvo neutral, mientras que un 1.03 por ciento no supo o prefirió no responder, lo que sugiere que la discusión está lejos de la indiferencia y que la ciudadanía tiene posturas claramente definidas.
Este cambio en la opinión pública coincide con el debate creciente en Washington sobre la posibilidad de clasificar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, una medida que podría abrir la puerta a acciones unilaterales más agresivas y reconfigurar por completo la relación bilateral en materia de seguridad.
Para analistas, el dato no solo refleja el hartazgo social ante la violencia, sino también una ruptura simbólica con un principio históricamente intocable de la política exterior mexicana. La soberanía, tradicionalmente defendida como línea roja, parece ceder terreno frente a la urgencia por frenar al crimen organizado, aun cuando ello implique escenarios antes impensables en el discurso público.







