El presidente brasileño pidió coordinación entre autoridades federales y estatales para frenar el avance del crimen organizado.
Ciudad de México, lunes 13 de octubre de 2025.– El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hizo un llamado urgente a la unidad de todas las autoridades del país tras el operativo policial más letal en la historia de Río de Janeiro, que dejó al menos 121 personas muertas, incluidos cuatro agentes. El mandatario advirtió que el crimen organizado “no puede seguir destruyendo familias ni sometiendo a comunidades enteras” y anunció medidas inmediatas para fortalecer la coordinación entre fuerzas de seguridad.
El pronunciamiento de Lula se dio luego de una reunión de gabinete en el Palacio de la Alvorada, en la que se abordó la violencia desatada durante el operativo realizado el martes pasado en los barrios de Penha y Alemão, al norte de Río. El despliegue, encabezado por la Policía Militar, derivó en un enfrentamiento masivo con facciones criminales que controlan parte de esas favelas, dejando escenas de caos y decenas de víctimas aún por identificar.
A través de la red social X, el presidente informó que instruyó al ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, y al secretario general de la Policía Federal, Andrei Rodrigues, a desplazarse a Río de Janeiro para reunirse con el gobernador Cláudio Castro. El objetivo, dijo, es “trabajar de manera coordinada” entre el Gobierno federal y el estatal para atacar “la espina dorsal” del crimen organizado y garantizar la seguridad tanto de los policías como de los civiles.
Lula aprovechó el contexto para recordar la reforma de la ley de seguridad que su administración presentó en abril, con el fin de permitir una actuación conjunta y bajo mando federal de las fuerzas policiales en todo el país. El proyecto, que se encuentra en el Congreso, busca homologar criterios operativos entre los distintos cuerpos de seguridad y reducir los excesos en intervenciones locales.
El operativo de la semana pasada, considerado el más sangriento en la historia reciente de Brasil, había reportado inicialmente cifras menores. Sin embargo, el último balance oficial del Gobierno estatal elevó la cifra a 121 muertos, tras el hallazgo de decenas de cuerpos por parte de los propios vecinos, quienes denunciaron abusos y ejecuciones extrajudiciales.
La tragedia ha reavivado el debate sobre el uso de la fuerza y la militarización de la seguridad pública en Brasil, un país donde las operaciones en favelas suelen dejar un alto costo humano. Lula insistió en que “la paz no se construye con más violencia, sino con responsabilidad y presencia del Estado”, reiterando su compromiso de enfrentar el crimen sin renunciar al respeto por los derechos humanos.









