Religiosos de Morelia, Guerrero y Jalisco participan en taller para negociar en zonas controladas por el crimen organizado
Ciudad de México, 16 de julio de 2025. Ante el recrudecimiento de la violencia en varias regiones del país, cerca de 70 integrantes de la Iglesia Católica —entre sacerdotes y laicos de las provincias eclesiásticas de Morelia, Acapulco y Guadalajara— participaron en un taller nacional enfocado en estrategias de diálogo con grupos criminales.
El objetivo: construir rutas de paz sin sustituir al Estado, pero sí incidir desde una visión pastoral y humanitaria.
Una estrategia eclesial ante la crisis de violencia
El “Taller para el Fortalecimiento de Capacidades de Negociación en Sacerdotes y Agentes”, realizado en la Universidad Pontificia de México, fue convocado por la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, el Centro Lindavista y el Instituto para la Paz. La iniciativa retoma experiencias de países como Colombia, e incluye acuerdos de seguridad, reintegración de delincuentes y acompañamiento a víctimas.
Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelia, explicó que se trata de una metodología pastoral para llegar a comunidades vulneradas por la inseguridad. “Queremos aprender a acercarnos a ellos, tener modelos de diálogo. Es una necesidad que veíamos venir desde hace años”, dijo el prelado, quien también encabezó la Arquidiócesis de Acapulco.
No se negocia impunidad, pero sí la paz
La estrategia no es nueva. En febrero de 2024, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador respaldó los esfuerzos de la Iglesia para establecer contacto con líderes criminales en entidades como Guerrero y Michoacán. Aclaró que el papel del clero no sustituye al del Estado, pero puede contribuir a la pacificación “siempre y cuando no se negocie impunidad”.
El obispo de Chilpancingo-Chilapa, José de Jesús González Hernández, confirmó que en 2024 sostuvo reuniones con varios capos junto a otros tres obispos, con la intención de lograr una tregua tras el aumento de ataques a transportistas. Aunque los diálogos no prosperaron, González afirmó que seguirán insistiendo: “Ya no podemos quedarnos de brazos cruzados ante la violencia. A nosotros nos han matado ministros, catequistas, acólitos”.
Un modelo nacional con implicaciones profundas
El taller no solo busca formar mediadores en Guerrero o Michoacán, sino extender el modelo a todo el país. Incluye también la participación de mujeres como promotoras de paz, mecanismos de respuesta ante emergencias y esquemas de reconstrucción del tejido social.
Desde el Vaticano, el papa Francisco ha alentado esta labor. Sin embargo, el obispo González Hernández lanzó una crítica directa al gobierno de Guerrero, al señalar que las promesas de paz no se han traducido en mejoras reales para la población. “Nos dicen que hay un cambio y no lo hay. ¿Entonces qué es lo que hay? Mentira, falsedad”.
La Iglesia, sin armas y sin presupuestos, intenta abrir caminos de paz donde el Estado no ha logrado contener la violencia. Con esta iniciativa, pone sobre la mesa una alternativa desde lo moral, lo comunitario y lo humano.








