Por @TonyMichoacán
En Michoacán se está por tomar una decisión clave que marcará su rumbo en materia de justicia y seguridad para los próximos nueve años. El próximo jueves se cierra el registro de aspirantes para ocupar la titularidad de la Fiscalía General del Estado, y aunque el proceso apenas entra en su fase formal, en el argot político y social, suena fuerte el nombre de Carlos Torres Piña.
El actual secretario de Gobierno estatal no es un improvisado. Con una buena trayectoria política, su cercanía con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y su conocimiento a fondo de la actual situación interna del estado lo colocan como el perfil más sólido, incluso antes de saber quienes serán los 10 aspirantes que seleccionará la Comisión de Justicia del Congreso.
No se trata solo de experiencia. En un estado como Michoacán, marcado por la violencia, la impunidad y la exigencia social de resultados concretos, Torres Piña representa una buena opción para dar estabilidad, continuidad y, sobre todo, de interlocución eficaz con los distintos órdenes de gobierno. Porque, si bien el cargo exige autonomía, también necesita inteligencia política y capacidad de negociación.
Desde que se comenzó a hablar de la posible salida del aún fiscal, Adrián López Solís, el nombre de Torres Piña ha ido cobrando cada vez más peso. No por capricho, sino porque en el terreno político pocas cosas son casuales. Y creo que cuando el gobernador envíe la terna al Congreso, es lógico suponer que una figura con su perfil estará incluida, no solo como opción viable, sino como el principal contendiente.
Más allá del trámite legislativo, la sucesión en la Fiscalía es una jugada política y de seguridad de muy alto nivel. Y todo indica que Carlos Torres Piña ya va varios pasos adelante.
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